Ana -¡Acabo de quitarme 70 kilos inútiles!
Karla -¿Cómo le hiciste?
Ana - Me divorcié
Nos parecería un chiste en cierto sentido cruel en referencia al matrmonio, lo cual no debería por que ser así. El matrimonio es una institución social que crea un vínculo conyugal entre sus miembros. Durante el tercer siglo de nuestra era se produjo, en Occidente, el pasaje de una sociedad en la que el matrimonio no era de ningún modo una institución creada para toda la sociedad, a una sociedad en la que se da por sentado, como natural que el matrimonio es una institución fundamental para todos. El matrimonio ha perdido su valor, en parte porque actualmente ya no constituye un mérito, lo que anteriormente se veía mal encontrarse soltero, se puede observar que la gente aún sufriendo un martirio, no decidían divorciarse, entre otras cosas por el reconocimiento social. En parte esto cambía 360° la forma de concebir un matrimonio, no como una obligación social, sino más bien para avanzar, permitir que descubran su potencial interior. En los matrimonios contemporáneos, las personas buscan “encontrarse a sí mismas”, proseguir carreras interesantes y otros aspectos de su vida que les permitan expresar su “núcleo interno”, señaló el profesor Eli Finkel, de la Universidad Northwestern en Evanston, Illinois (Estados Unidos), quien llevó a cabo una revisión de investigaciones anteriores sobre el matrimonio. La cuestión no es que las personas esperen hoy día más del matrimonio, sino que la naturaleza de lo que esperan ha cambiado, aseveró Finkel en una ponencia ante la Asociación Estadunidense para el Avance la Ciencia, que se reúne en esta ciudad.
“Piden menos del matrimonio en términos de necesidades básicas fisiológicas y de seguridad, pero más en lo referente a necesidades sicológicas superiores, como la necesidad de crecimiento personal”, afirmó.
“En 1800, la idea de casarse por amor era ridícula. Eso no quiere decir que las personas no quisieran obtener amor en el matrimonio, sino que no era el motivo para casarse”, comentó.
En la transición de una economía rural a la sociedad industrial, muchas personas se apartaron de la idea original del matrimonio como una institución que ayudaba a atender funciones básicas como alimentación, abrigo y seguridad física. Tomó su lugar el concepto urbano del hombre como proveedor y la mujer como ama de casa, explicó Finkel.
“Los mejores matrimonios de hoy son mejores que los mejores matrimonios del ayer. Pero el problema es que resultan más difíciles... exigen mucho más del lazo marital por sí mismo para alcanzar esas necesidades sicológicas superiores que para satisfacer las necesidades más básicas del pasado”, apuntó.
“Sin embargo, desarrollar esa percepción requiere una gran inversión de tiempo y recursos sicológicos, para no mencionar fuertes habilidades para relacionarse y compatibilidad interpersonal”.
Las tasas de divorcio son altas, mientras las de satisfacción marital en las relaciones que sobreviven no lo son tanto como en otros tiempos, porque la mayoría de los cónyuges sencillamente no realizan la inversión de tiempo y sicológica requerida para apoyar el amor mutuo y la expresión personal, afirmó Finkel. Las razones para tener que llegar a un divorcio tienen algo en común: libertad de algo, libertad de movilidad, de gastos, de pensamientos o ideologías, de adaptabilidad, de elección. Ciertamente en el pensamiento colectivo se ve al matrimonio como una cárcel social donde uno tiene que ganarle al otro, si no están peleando por el liderazgo, tal vez encontremos que uno es sumiso, lo cual aunque no peleen, no es saludable ni recomendable. El matrimonio puede ser una experiencia gratificante, que dé mucho aprendizaje, pero no es esencial para un estilo de vida adecuado.
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